Из альбома: Postales

No hay quien pare la saeta del reloj
ni el calendario.
No hay quien rija el minutero y su fugaz

pasar de años.

Nuestro verano ya pasó,
están varados todos los veleros.
Arena en el recibidor,
el cuarzo guarda todos mi anhelos hoy.
Septiembre suena en el buzón
y la nostalgia se disfraza de postal.
Aquel ocaso en El Saler,
pinta una luz dorada en mi recuerdo.

Suave el otoño firma el fin,
con una taza de canela, té y limón.
Se queman los campos de arroz,
y vuelve a echar en falta el suéter de algodón.
La piel comienza a blanquear,
el entretiempo
se hace sitio en un rincón,
sospecho que ya no se irá,
el dietario tiene hoy las de ganar.

No hay quin de la vuelta al tiempo
y su motor bien engranado.
No hay quien burle al domador
que mueve el sol al otro lado.

Vuelve a degustar un trozo de eternidad.
Vuelve a contemplar el sueño de las medusas.
Blancos torreones de cristal,
largas procesiones de agua y sal.

Nuestro paisaje cambia igual,
aunque intentemos atrapar la levedad.
Lo que fue lava de un volcán,
hoy se desliza en la profundidad del mar.
Un sueño de la realidad,
se diferencia en el presente nada más.
La cuerda floja del ayer,
se balancea inerte, no se deja ver

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